
En este preciso momento, cuando Diego Milito acaba de cocinar la victoria del seleccionado argentino por un 4 a 2 frente a Colombia, la transmisión de AM Continental relata que en el estadio de Maracaibo se oye un estridente canto en las tribunas venezolanas: "Libertad".
El locutor, veloz e informado, dice que el canto de los asistentes se refiere a la reciente clausura de un canal privado por orden del gobierno de Hugo Chávez. Refiere además que mientras las tribunas se alzan en protesta, el volumen de los altoparlantes crece hasta tapar el grito de los simpatizantes. Algo que la gente que miró el partido por televisión acaba de perderse.
¿Qué pasa con Hugo Chávez? Mis amigos de la militancia ven con buenos ojos el proceso venezolano. Un auge de masas, un fenómeno que explota por abajo. Pero claro, abajo son muchos, y no todos están del mismo lado.
Entonces aparece el fútbol, y en medio de la Copa América se destapa la olla política sudamericana. Un campeonato que sin duda alguna Chávez ha planteado como herramienta de propaganda, pero que poco puede garantizar las filtraciones de la disidencia.
En Venezuela, la fiesta del balón hace bailar el esqueleto de las mulatas en la tribuna. Pero también agita el candombe de la política, que vista en el contexto de los piques endiablados de Messi y el meta-meta de Heinze (qué jugador, la puta madre), parece más divertida en el estadio que en la verba pretensiosa de la poepolítica.