8/4/08

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A mi ciudad no la extraño, pero hay momentos en los que eligiría traer algunas cosas de ahí para acá: el sol a las cuatro de la tarde; las montañas grises; las chicas del colegio privado fumando en las plazoletas.
Estoy cada vez más seguro que ese ese el principio de la epifanía neuquina, el momento en el que los hijos de la clase acomodada van a los barrios marginales en busca de droga, el almuerzo desnudo de Kerouac, una política que como lenguaje ya no existe.
Más allá de eso creo que no hay muchas cosas. El blog por ejemplo: empiezo a ver que todos se van convirtiendo en el house organ de una generación cínica y feliz. Eso en el mejor de los casos, porque en el peor terminan siendo un newsletter que reúne todos los lugares comunes y postauráticos de la literatura del yo. Podría decir que nos estamos poniendo muy aburridos. Que nos estamos poniendo muy marketineros. Pero eso no es ninguna novedad.
Ahora me mudé, acaba de salir Grunge y quiero empezar de nuevo. ¿Se acuerdan de esa hermosa canción, "Georgia on my Mind"? Yo creo que todo este rollo se trató un poco de generar un Seattle state of mind. Contra todo, contra todos: para devolverle un poco de épica al presente.
Igual no nos engañemos ni alberguemos falsas esperanzas: vamos a morir, chicos, y a nadie le va a importar lo que dejemos para la posteridad.
Así que a divertirse. La vida es un gas.

3 %:

beto dijo...

interesante mirada definitiva como la puerta de un taxi cuando se cierra

Anónimo dijo...

Solo si el el gas de tu pedo, Jaramillo...

Julieta dijo...

Un saludo desde el hormiguero

La Fuerza está conmigo

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Brazo Armado