13/11/07

Reivindicación y denuncia

Ricardo Costa, posando en busca de inspiración.

La reciente edición del libro de Ricardo Costa Un referente fundacional. Las letras neuquinas (período 1981-2005) y su (in)transferencia al campo educativo señala la maduración de una serie de interrogantes que el autor se propone responder a partir de una reconstrucción histórica que ubica en el centro del problema a la constitución de un campo literario local, y sus dificultades para expandirse tanto al campo educativo como al gran público.

¿Qué es la literatura neuquina? Bajo el fantasma de esta pregunta problemática y recurrente, Ricardo Costa ha escrito un libro en el que se lee una urgente voluntad (declarada) de evitar la pérdida de una experiencia literaria cuyos orígenes el autor ubica a comienzos del ochenta, con la confluencia de ciertos factores decisivos en la conformación de un campo literario local.

Escrito a mitad de camino entre el ensayo testimonial y la investigación histórica, padeciendo en algunos pasajes cierta falta de rigurosidad conceptual en torno a categorías como “corpus social” y “generación”, el libro de Costa pretende reconstruir la experiencia de un colectivo de escritores que en el período inmediatamente posterior a la derrota en Malvinas encarnó lo que el autor llama una “gesta fundacional” en el campo cultural local.

Explorando posibles variables políticas y culturales que facilitaron la emergencia de esta experiencia (el aluvión inmigratorio interno de los setenta, la necesidad de los propios actores sociales por recomponer la experiencia traumática y represiva de la dictadura), Costa avanza en la hipótesis de que la efervescencia cultural vivida a comienzos de los ochenta en la región fue fruto de una somatización, en el campo de la creación artística, de una necesidad manifiesta de superar el silencio reinante desde la segunda mitad de los setenta.

Resulta razonable que, detrás de esta proposición, Costa proponga llamar al grupo que tempranamente confluye en el Centro de Escritores Patagónicos y la revista Coirón como una “vanguardia cultural”, en sintonía con el programa político de corte utópico que Irma Cuña proponía por entonces, y que el autor toma como referencia insoslayable para comprender el clima de época.

En el énfasis puesto sobre este “acto fundacional”, caracterizado por la difusión de la literatura regional y la confluencia de voluntades en la realización de diversas actividades tendientes a reagrupar a los autores de la región, el libro de Costa puede leerse en clave de una recuperación épica de un pasado ideal en el que lo sujetos se veían a sí mismos como portadores de un proyecto que intentaba recomponer una mirada crítica sobre el pasado reciente, al tiempo que proponía sentar las bases de un nuevo desarrollo cultural.

Que la voluntad utópica perseguida por este grupo haya logrado materializarse, o trascender las fronteras de su propio espacio de pertenencia, es algo que el propio autor se encarga de manifestar, y que ya se encuentra inscripto en el título del libro. “Lo que ocurre”, afirma Costa, “es que el mapa destinado a recorrer por esta obra literaria aún no logra emanciparse del microcosmos que conforman la misma comunidad de escritores, el recortado público lector y determinados ángulos de referencia, como los que fijan el ciberespacio, las publicaciones, y cierta línea editorial”.

¿Cuáles son, entonces, las razones por las cuales haya en la actualidad una escasísima difusión de los escritores residentes en la región, tanto en el ámbito educativo como en esa misteriosa dimensión que se da en llamar “público lector”? Si bien Costa rescata de manera positiva, entre otras experiencias, el trabajo hecho durante los noventa por la Fundación Banco Provincia con la realización de concursos y antologías, denuncia la falta de una política integral y sostenida por parte del Estado en materia de transferencia hacia esos ámbitos del capital literario producido durante los últimos 25 años en la región.

Más allá de las divergencias e interpretaciones disímiles que puedan manifestarse alrededor de las hipótesis planteadas, el libro de Costa constituye un necesario repaso por la historia literaria reciente en el que se revela también una clara voluntad de intervención en la recuperación de ese legado. Desde otro lado, se advierte un intento por completar –a partir de una indagación exhaustiva sobre las actividades de un colectivo particular- un vacío en las fronteras siempre problemáticas de la pregunta acerca de la constitución de una generación de escritores, y de la posibilidad misma de existencia de una literatura neuquina.

3 %:

Anónimo dijo...

La literatura neuquina no existe. Ustedes, interior, se discriminan solos. A lo sumo existen escritores de por allá. De ahí a una identificación regional hay mucho trecho.

Jaramillo dijo...

¿Cómo que no existe? ¿No leíste los poemas de Marcelo Berbel? Te estás perdiendo a nuestro Dante Aligheri. Cuidado.

Anita dijo...

Sesudo!

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