14/8/07

Matando policías (sobreviviendo en la ruta del etcétera)


Semana de tragedias. Algunas más pesadas que otras, claro, depende del ángulo en que se las mire. Los uniformados confiesan tener miedo de los delincuentes pesados, criminales gloriosos que desafían el orden policiaco de cada-cosa-en-su-lugar y viven una vida de película. Los cronistas de policiales que se encuentran con la gran historia de sus vidas y escriben desde el anonimato relatos que van camino a convertirse en la literatura que nos salve de la Santa Mierda. Neuquén, una ciudad sitiada: policías militarizados con la cara cubierta y fusiles cortos suben a los colectivos interurbanos en busca del criminal fugado; miran las caras con atención y luego se retiran. Un pibe con el pelo raro ya es motivo de inquietud entre los pasajeros; la vida cotidiana fue siempre un campo de batalla, lo sabíamos, pero ahora está dispuesta a tomarse la historia al pie de la letra.

La lectura política: Sobisch tiene la chance de mostrarse como el paladín de la mano dura; si tuviera tanques, esto sería Bagdad. Pero se las arregla como puede y la puesta en escena es elocuente. La violencia se engendra en el corazón, querida mía, más allá de las balas. ¿Por qué el diario oficialista se empeña en convertir en mártires a los oficiales? Vamos, que la respuesta es obvia. En cualquier caso lo que se destila es un clima de malestar; y una policía enojada, con armas en la mano, no hace que la gente pueda mirar TV tranquila.

En el medio: un accidente. Auto que muerde banquina y da dos tumbos. Cuatro de la madrugada. Fernández Oro. Salgo por el hueco de la ventanilla. La primera ayuda es de un micro larga distancia. Yo no sé dónde mierda estoy, pero me encuentro dando círculos alrededor del auto, buscando mi billetera y el celular que volaron con el impacto. Me doy cuenta que tengo sangre en la mano sólo cuando me lo advierte uno de los tipos que ahora están dando una mano para voltear al auto a su posición original.

Podría seguir contando esto toda la tarde pero da igual. Nada se pierde, todo se transforma, el universo siempre recupera su lugar. Al final todo está bien, brillante e indiferente; ni siquiera tengo el consuelo ni la ocasión de un mártir con una vértebra fisurada. El blog sin posts, las obligaciones, una larga lista de etcéteras que no me dejan vivir. Sobre todo eso: los etcéteras. Vivir montado en tres puntos que conducen a ninguna parte.

3 %:

Lunita dijo...

y en donde lleva los tres puntos, jara?

Anónimo dijo...

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Jaramillo dijo...

¿En dónde, decís? No sé, necesito que alguien me los mire; un alma piadosa que me planche un poco y que limpie mi cabeza.

La Fuerza está conmigo

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Brazo Armado