12/10/06

Un fanzine de Guy Debord

A veces la suerte me acecha y tengo el raro privilegio de presenciar cómo dos entidades en apariencia lejanas entre sí confluyen en un mismo signo; como si el universo se arqueara con el único objetivo de hacer coincidir dos puntos opuestos de su geografía, transformando la intersección en el significante de un drama prolijamente diseñado.

Esto me pasó la tarde del martes de la semana pasada, mientras caminaba por el único pasillo de la facultad de Derecho. Muy cerca de la puerta del aula magna, un estudiante al que conocía de vista había puesto una mesa de libros de raíz anarquista. Guerra Civil española, Kropotkin, Bakunin, pero también –y no es un dato menor- publicaciones referidas a los mapuches y al problema de la tierra en el sur. Digo que no es un dato menor porque el propio dueño del improvisado stand es mapuche: lo había visto en otras ocasiones en algunos actos reivindicativos junto a otros estudiantes de la facultad que desde aproximadamente dos años vienen realizando una activa campaña sobre, si se permite la paráfrasis, la cuestión mapuche.

Como el tema me interesa, me detuve a mirar en detalle. Y ahí, escondido entre fanzines, encontré una edición artesanal, fotocopiada, del libro de Guy Debord La sociedad del espectáculo. Exactamente igual a un ejemplar que cuatro meses atrás había visto encima de un nylon cuidadosamente dispuesto en el suelo de un rincón del Parque Centenario, en Capital, donde estaba reunido un grupo de unos quince punks muy punks pasándose una damajuana de vino tinto, conversando alrededor de la lona con libritos.

Fue como si el fanzine de Guy Debord se hubiera convertido en el hilo de oro que unía los confusos retazos anarquistas desperdigados en la Argentina: al sur, en Fisque Menuco, un estudiante modesto y callado comparte sus libros con olor a pólvora en una jaula de liberales; 1.200 kilómetros más lejos, en el ruido y la bestialidad porteña, un punk con pinta de reventado hacía algo similar en una plaza con acento a clase media del barrio de Almagro.

Me gusta creer que la coincidencia es productiva en más de un aspecto, y que se ofrece a una interpretación compleja. Que no se trata sólo de comprobar lo aceitada que está la red de circulación de material anarquista en nuestro país, sino de buscar una explicación para esa confluencia de dos experiencias vitales en apariencia muy distintas alrededor de un libro menor, casi olvidado, de un escritor que decidió terminar su vida con un balazo en el corazón, en 1994.

Me pregunto por qué dos formas de la marginalidad terminan anudadas en una bibliografía exótica.

Habrá que leer a Debord y sacarse la duda.

3 %:

atomÖ dijo...

habrá que leerlo. Qué onda? Lo leíste?

Jaramillo dijo...

No, pero ya lo tengo rastreado y estoy esperando tener un tiempo para devorármelo y escribir algo al respecto. Algunas cositas de él suenan muy interesantes: fundó la internacional situacionista.

Charly Gradin dijo...

grande Jara, llegué googleando parque centenario y fanzines abrazo!

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Brazo Armado